Viva la Tarde22/10/2026
Columna de Rotary: Dormir mal puede afectar la salud mental
Charla con la Dra. Cecilia Orellana y Michel Araujo
El sueño cumple un papel fundamental en la salud física y mental, pero suele quedar relegado frente a las exigencias de la vida cotidiana. Las pantallas, el estrés, las preocupaciones y los horarios desordenados son algunos de los factores que pueden afectar el descanso. Así lo explicó la neuróloga y neurofisióloga clínica Cecilia Orellana, especialista en medicina del sueño desde hace más de 30 años, durante una entrevista en el marco de la columna de Rotary dedicada a la salud mental.
La profesional advirtió que dormir mal y los trastornos de salud mental pueden retroalimentarse. La ansiedad, la depresión y las preocupaciones persistentes pueden dificultar el descanso, mientras que la falta de sueño reparador afecta la capacidad del cerebro para recuperarse y afrontar las exigencias del día siguiente.
“Dormir mal agrava los trastornos de salud mental y los trastornos de salud mental agravan el sueño”, resumió Orellana. Según explicó, esta relación puede generar un círculo vicioso que requiere abordar tanto los problemas de sueño como las dificultades de salud mental.
Las señales que indican cuándo consultar
Orellana destacó que no es necesario tener un diagnóstico de salud mental para experimentar dificultades para dormir. Los hábitos cotidianos, las condiciones ambientales y las preocupaciones pueden interferir con el descanso, incluso en personas que no presentan otros trastornos.
La especialista recomendó consultar a un profesional cuando los problemas para dormir se repiten durante varias noches y comienzan a repercutir en la vida diaria. Entre las señales de alerta mencionó la fatiga durante el día, las dificultades para cumplir adecuadamente con las obligaciones, la irritabilidad y los problemas en las relaciones sociales o laborales.
En ese sentido, hizo hincapié en la importancia de evitar la automedicación y de no recurrir a fármacos recomendados por familiares o conocidos sin una evaluación médica.
La preparación para dormir también resulta determinante. Orellana explicó que el cerebro no funciona como si tuviera un interruptor que permita pasar instantáneamente de la vigilia al sueño, sino que necesita condiciones y un tiempo de transición para activar los mecanismos del descanso.
Por eso, la exposición a múltiples pantallas, la actividad laboral hasta último momento y las preocupaciones que aparecen al finalizar el día pueden dificultar la conciliación del sueño.
Cenar tarde y alterar los ritmos biológicos
Otro de los aspectos abordados durante la entrevista fue la influencia de los horarios y las costumbres familiares. La especialista advirtió que las cenas abundantes y demasiado próximas a la hora de acostarse pueden dificultar el inicio del sueño, favorecer el reflujo gastroesofágico y contribuir a problemas respiratorios durante la noche.
Como recomendación general, aconsejó realizar una cena saludable y liviana aproximadamente dos horas antes de dormir, procurando permanecer sentado durante la digestión.
También señaló la importancia de mantener los ritmos circadianos, es decir, los ciclos biológicos que regulan distintas funciones del organismo. La luz, los horarios de las comidas, las obligaciones sociales y el ejercicio físico actúan como sincronizadores que ayudan al cuerpo a organizar sus períodos de actividad y descanso.
La alteración de esos ritmos, vinculada a hábitos como comer cada vez más tarde o modificar constantemente los horarios, puede repercutir en la calidad del sueño. Estas dificultades también pueden afectar a los niños, cuyos horarios de descanso suelen estar condicionados por las rutinas familiares y el inicio temprano de las actividades escolares.
El ejercicio y las rutinas previas al descanso
En relación con la actividad física, Orellana explicó que el ejercicio puede resultar estimulante, ya que favorece la liberación de sustancias vinculadas al bienestar y la activación cerebral. Por ese motivo, recomendó priorizar su realización durante la mañana o las primeras horas de la tarde, especialmente en quienes tienen dificultades para conciliar el sueño.
La especialista insistió en la necesidad de generar un período de transición entre las actividades diarias y el momento de acostarse, reduciendo los estímulos que mantienen al cerebro en estado de alerta.
La entrevista se realizó en el marco de las acciones del Comité de Salud Mental de Rotary, que trabaja en la difusión de información y la promoción de hábitos saludables. La iniciativa busca acercar estos temas a la población general y contribuir a una mayor comprensión de la relación entre el descanso y el bienestar emocional.
