INAU: ¿Qué se está haciendo por los niños más pobres y maltratados de Uruguay?
10 junio 2025
La Comisión Especial de Seguimiento de las Garantías del Ejercicio de Derechos de las Infancias y las Adolescencias recibió al directorio del INAU el 8 de mayo, hace un mes aproximadamente. Esta comisión integrada por senadores y diputados de todos los partidos quería saber con qué panorama se habían encontrado las nuevas autoridades.
Y el panorama es difícil de poner en palabras. Son 32 carillas de exposición y algunas intervenciones de lo más triste que hay: el estado de situación del INAU, la representación de los niños y adolescentes más pobres y maltratados de nuestro país.
El INAU “tiene el gran desafío de cuidar después del descuido” de estos chiquilines, decía Claudia Romero en su asunción como presidenta del instituto, y en esa sesión del Parlamento daba un paso más: la situación actual es “grave”, dijo varias veces, y esto tiene dos pilares: pobreza y violencia.
Escuchá el informe completo:
Pobreza material y “multidimensional”
Esto es, según el índice que presentó el INE hace algunas semanas, un resumen de las privaciones en cinco dimensiones: educación, condiciones habitacionales, servicios y bienestar en la vivienda, protección social, y empleo. Cada dimensión se mide con tres indicadores, y cada indicador tiene un umbral por debajo del cual se considera que el hogar tiene una privación. Se considera pobres multidimensionales a los hogares con privaciones en al menos cuatro de los 15 indicadores.
En total hay 220.000 niños y adolescentes en hogares con pobreza multidimensional. Los menores de 6 años son el 31,4% del total de los pobres multidimensionales.
Se podría decir mucho más sobre esto, pero vayamos al segundo pilar que decía Romero porque “estamos viviendo una situación de violencia extrema”, según planteó la presidenta del INAU, y citó cifras recientes, presentadas el 25 de abril. El Sipiav (Sistema Integral de Protección a la Infancia y la Adolescencia Contra la Violencia) informó de 8.924 situaciones de violencia registradas, o sea, intervenidas, en el último año.
¿No podés dimensionarlo? Imaginate: 24 denuncias de violencia de niños o adolescentes POR DÍA. Cinco niños van a sufrir HOY violencia sexual. ¿Y sabés qué es lo peor? Al 70% de los casos o más se llega tarde. Se llega cuando la violencia ya se repitió. Y cuando los niños ya naturalizaron ese estado en el que viven.
En realidad, lo peor es que esas no son todas las denuncias. Lo reconocía Romero en la comisión y lo hablábamos con un funcionario del INAU que trabaja en territorio desde hace muchos años y que no puede aparecer con su nombre en este informe. Para él, la cifra real de situaciones de violencia es mucho mayor, y cuando se le pide que estime, dice 50 por día. El doble de lo que se registra en el sistema.
Pero además, en 2020 -prepandemia-, se registraron 4.911 casos y hoy estamos en más de 8.000, o sea que se duplicaron. Pero capaz que lo que se duplicó fue la capacidad de detectarlos, como siempre se analiza en los casos de violencia doméstica o de género. En cualquier caso, el hecho de tener más situaciones identificadas implica que hay que hacer más cosas.
Aparte de eso, en lo que llevamos de 2025 hay 6 niños fallecidos por heridas de bala y 23 que han sido baleados. Eso al 8 de mayo. Hoy seguro hay más. El 3 de junio balearon a un bebé junto con su padre. Sabemos que la mayoría de estos niños sufren esa violencia por el avance del narcotráfico.
Con la pobreza y la violencia aparece la exclusión, la segregación, decía Romero en esa sesión del Parlamento. Y en este punto es cuando la jerarca empieza a revelar la incapacidad que está teniendo el INAU de llegar a estos chiquilines y a sus familias.
Dice cosas como: “Si uno pensara que esto lo arregla solo con recursos económicos, arranca perdiendo. Nosotros llegamos a las familias, a los niños, de forma fraccionada, ofreciendo mochilas de prestaciones que no dialogan una con la otra. A veces, tenemos mucho desplegado en territorio, pero todo en el mismo momento, o llegamos a una familia pero a otras no”.
O esto: “Tenemos mucho y teníamos más. Hay una ausencia del Estado en el territorio. Además, hay una limitación porque estamos viendo que esta segregación socioterritorial les impide la movilidad natural a los niños, niñas y adolescentes. Cuando a los niños, niñas y adolescentes les preguntan dónde se sienten seguros, contestan que se sienten seguros a veces en sus casas, pero ni siquiera se sienten seguros muchas veces en las escuelas o cuando cruzan una calle”.
Este es el contexto de los niños y adolescentes que llegan al INAU.
Hoy por hoy el INAU tiene algún tipo de vínculo con 106.800 niños. Esto abarca a los que están institucionalizados y a los que asisten a los CAIF, a los CAPI -Centros de Atención a la Primera Infancia-, a los centros comunitarios, a los clubes de niños y a los centros juveniles.
Vamos a concentrarnos en lo que les da el INAU a los chiquilines institucionalizados todo el día. El sistema de protección especial atiende a unos 8.000 chiquilines y está “colapsado”, en palabras de la presidenta del instituto.
Porque cada vez hay más “demanda”, porque no se logra trabajar con esos chiquilines para que egresen del INAU, y porque la oferta de otras herramientas alternativas a los clásicos hogares es muy limitada.
Vamos a poner un ejemplo real de hace poco: un adolescente que vive con un familiar. Si el familiar tiene que irse de viaje un tiempo, el INAU dispone su internación en un hogar como el Tribal, que está superpoblado y varias veces denunciado por malos tratos y condiciones degradantes. A ese adolescente le hacés un mal tremendo si lo internas ahí. ¿Pero cuál es la alternativa? Ahí hay que ser creativos, buscar familias de amigos, buscar otros lugares. Eso difícilmente ocurra, aunque a veces algún funcionario logra encontrarle la vuelta.
En total, el promedio de estadía en INAU para toda la población es de 4 años. En menores de 2 años pueden llegar a ser 6 meses. Y un dato llamativo que dieron las autoridades: el 87 % de los niños que están institucionalizados hoy tiene algún grado de vínculo con la familia. Quiere decir que capaz no se puede hacer cargo, pero sí hay un referente de contacto con el que se podría trabajar.
Ahí estaba el vicepresidente del INAU, Mauricio Fuentes. La situación de los hogares es el principal problema hoy y hace mucho, porque los hogares son una especie de pozo negro del que difícilmente se salga ileso.
Al punto que, en la sesión del Parlamento, Fuentes dijo: “Hay dimensiones de la reparación en las que tenemos que seguir trabajando y que no tenemos todavía las respuestas. Lo que sí me tomo el atrevimiento de asumir como Directorio es el compromiso, hoy también, adelante de ustedes, de que lo que queremos hacer es no generar más daño. Y eso ya es un desafío bastante relevante. Les pedimos, como comisión bicameral, que puedan monitorearnos para que no generemos daño; y que si generamos daño, nos lo hagan saber”.
¿Qué herramientas tiene el INAU para trabajar en los vínculos familiares? Porque hay 87% que tiene algún tipo de lazo.
El INAU tiene equipos en territorio, recursos materiales de los que puede disponer, apoyos económicos para que las familias se hagan cargo de los cuidados, incluso familias extendidas, familias ampliadas, referencias vecinales; es decir, hay un montón de estrategias. Se han ido ampliando con el paso del tiempo, pero se entiende que no han sido suficientes.
No es un tema económico porque es mucho más barato tener a un niño en un contexto familiar con todos los apoyos que se requieran, que tenerlo en una institución de 24 horas. O sea, no debería ser un problema económico.
Y encima está el asunto de la demora que se produce entre que la Justicia determina que se interne a un niño o adolescente y el INAU le asigna un hogar. Es un problema que se arrastra desde hace años. La gran mayoría de las internaciones son por las situaciones de violencia que comentábamos al comienzo: abuso y maltrato dentro del hogar. O sea que esos niños, mientras no se resuelve su situación, siguen con sus victimarios.
Es un problema: tiene que haber hogares para esos niños, pero al mismo tiempo se debe bajar la institucionalización y la “canilla” sigue abierta y cada vez peor, por más violencia y más desprotección.
En este marco, un dato más: Uruguay tiene una de las tasas de institucionalización más altas de la región: es el triple del promedio regional. Y esto, siendo un país chico y de renta media, es una vergüenza.
¿Cómo se llegó a este punto? En LCS hablamos con Pablo Abdala, que presidió el INAU en el gobierno anterior hasta fines de 2023. Lejos de asumirlo como un fracaso de su gestión, Abdala aseguró que en su administración se avanzó en la desinstitucionalización.
En el Parlamento, Fuentes dijo algo que vale la pena citar textual: “Debemos hacer un trabajo a corto, mediano y largo plazo, que nos permita analizar cuánto de ese 87 % podemos destinar para generar herramientas que permitan que las familias y los núcleos vecinales y comunitarios puedan asumir el cuidado de esas niñas, niños y adolescentes. Lo voy a decir muy burdamente: nunca van a estar peor que lo que están hoy por hoy en un hogar del INAU; esa es la realidad”.
Las autoridades actuales hoy quieren bajar la internación. Quieren que el sistema de 24 hs sea el indicador de gestión.
“Si nosotros dentro de cinco años trabajamos bien en contexto, somos efectivos en lo que es la gestión institucional y en los procesos burocráticos en la institución, contamos con un presupuesto adecuado, trabajamos interinstitucionalmente y generamos modalidades de tiempo parcial que permitan detectar casos en territorio, como consecuencia de todo esto, el sistema de protección de 24 horas va a bajar los números de institucionalización que hoy tiene, que son demenciales”, dijo el vice del INAU.
¿Déficit?
En lo económico, el INAU también está en un estado complejo. Claudia Romero, la presidenta del INAU, habló de una distancia entre los compromisos asumidos y los créditos presupuestales.
Dijo: “Para lo que ya se comprometió el INAU a realizar, vamos a llegar a fin de año con un déficit presupuestal de $ 2.400 millones, que a veces se va acrecentando cuando vamos votando, por ejemplo, algunos pagos que quedaron atrasados para las organizaciones de la sociedad civil; o sea que ingresamos con un déficit presupuestal”.
Así nos lo explicaba Fuentes, el vicepresidente del instituto quien dijo que la situación del INAU es deficitaria porque el presupuesto para 2025 no alcanza para los compromisos asumidos.
Decía 60 millones de dólares, que son esos 2.400 millones de pesos que mencionábamos.
Como en todo, Abdala tiene otra versión sobre el tema y señaló que notoriamente el nuevo gobierno intenta construir una suerte de relato o herencia maldita. "En el INAU claramente hubo un proceso de fortalecimiento", aseguró.
Con esta respuesta, fuimos de vuelta a preguntarle a Fuentes sobre esto último. Él dice que es verdad que durante periodos anteriores el INAU precisó refuerzos presupuestales, pero no de tanto dinero. En 2019 el déficit del INAU estaba en aproximadamente 22 millones de dólares. Hoy se habla de 60 millones de dólares, solamente considerando los compromisos asumidos.
En relación al incremento presupuestal que mencionaba Abdala, esta administración asegura que “no hubo un incremento presupuestal significativo” en el periodo pasado.
Considerando la inflación, es decir, hablando de valores constantes, en 2019 el INAU había ejecutado 20.000 millones de pesos, y en 2020 ejecutó 19.000 millones de pesos. En 2021 ejecutó un poco menos; en 2022 un poco más, pero aún menor que en 2019. Sí subió en 2023 y 2024. Si se mira todo el período, dicen las autoridades de ahora, el presupuesto del INAU aumentó 6% no más, cuando las necesidades del instituto fueron mayores.
Además, hay 300 expedientes acumulados y muchos de ellos, según las autoridades actuales, refieren a situaciones de compromisos no pagos de 2022 y 2023, lo cual complejiza más el déficit.
Vayamos al punto de vista de los trabajadores del INAU, que son muy críticos con lo que está ocurriendo. José Lorenzo López, el presidente del sindicato, dijo que hay “una crisis institucional llamativa y que no se había visto nunca antes”.
Una aclaración: López dice que el peor deterioro fue en el período de Guillermo Fossati, que estuvo durante 2024 y hasta marzo de este año. Quisimos hablar con él pero no contestó nuestras consultas.
El dirigente sindical hablaba ahí de la falta de personal en varias áreas, y mencionaba especialmente el sistema de protección: los hogares. El tema es quiénes trabajan allí, qué perfil tienen, y con qué herramientas cuentan para atender a estos chiquilines que vienen tan golpeados.
En el Parlamento hubo un intercambio sobre esto y se mencionó algún caso de “violencia institucional”. A Fuentes le consultamos cuánta gente considera que se necesita y si va a haber algún llamado, y dijo que hay necesidades de recursos humanos en gran cantidad y muy diversas
La versión de Pablo Abdala, una vez más, fue diametralmente opuesta y aseguró que no se redujeron recursos humanos, sino que se incorporó personal en el gobierno anterior.
Una fuente válida para esclarecer es ir a las memorias anuales del INAU. En 2019 el instituto tenía casi 4.800 funcionarios. A fines de 2024, se habla de 4.630 funcionarios. O sea, unos 150 funcionarios menos. Pueden haber ingresado 1300 personas, pero así como hay ingresos, hay egresos. Y hay más niños y adolescentes, y más demanda de atención.
Así que la cantidad y la calidad de los recursos humanos es otro de los desafíos sobre la mesa.
Por último, mencionar que Blanca Rodríguez presentó un proyecto de ley para crear un comisionado parlamentario para las infancias y adolescencias. La idea es que funcione como “defensor de los niños”, pero además informar a la sociedad y asesorar al Estado “sobre cuáles son las políticas que hay que seguir”.