Carlos Páez Vilaró: una vida increíble entre felicidad y tragedia

07 de marzo 2019

Ser autodidacta en el arte es un camino que requiere de humildad, aventuras, desafíos y paciencia. Este uruguayo tomó del paisaje y de las diferentes culturas todo aquello que lo impactó y lo supo plasmar a su manera en miles de trabajos. No le tembló el abolengo para mezclarse con las culturas menos favorecidas siempre

Ser autodidacta en el arte es un camino que requiere de humildad, aventuras, desafíos y paciencia.

Este uruguayo tomó del paisaje y de las diferentes culturas todo aquello que lo impactó y lo supo plasmar a su manera en miles de trabajos.

No le tembló el abolengo para mezclarse con las culturas menos favorecidas siempre que fuesen auténticas, y podía estar una noche de vino en un conventillo del barrio sur y al otro día tomando un café con lo más selecto de París.

Dondequiera que estuvo encontró inspiración para enriquecer su obra y mantener activo su coraje para seguir batallando en la búsqueda del arte.

El mismo coraje que tuvo que poner al lado de la esperanza -que nunca lo abandonó- en la búsqueda de un hijo que parecía que la vida se había llevado.

Un ejemplo de vivir como y donde se quiere, y a la vez lograr la unanimidad en cuanto a elogios.

En definitiva, un grande de verdad.